Son las seis de la mañana de un martes cualquiera y en el boulevard ella patina sobre la banqueta llevando la misma prisa que el sol por gobernar las nubes. Sus leggins color pitahaya fosfo, fosfo, le ajustan perfecto en cada centímetro epidérmico. En el cuello tiene un pequeño tatuaje en forma de trébol ¿amuleto de buena suerte? Sonrío, recuerdo que traigo puesto el KN95.
Le pregunto: -¿habrá un amanecer que le gane al brillo de tu mirada?-
Me responde: -Soy Dánae, ¿así de lanzados los jarochos?-
Al que madruga…
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